En los últimos años, la cooperación internacional para el desarrollo ha revisado a fondo sus pautas de actuación, con el objetivo de mejorar el impacto sobre la erradicación de la pobreza. Esta revisión ha afectado a todas las herramientas de gestión de la ayuda, desde la asignación de los recursos hasta el impulso a los nuevos mecanismos de ayuda. Se ha construido, gradualmente, un consenso sobre los principales desafíos de la cooperación internacional en términos de eficacia, reflejado en la Declaración de París y la Agenda de Acción de Accra. El reto siguiente es llevar a la práctica estos principios, aplicando la doctrina de la eficacia a una realidad heterogénea, en constante evolución.
El III Plan Director de la Cooperación Española (2009–2012) apuesta por renovar nuestros acuerdos con los países socios mediante un nuevo instrumento, el Marco de Asociación, capaz de incorporar los resultados de desarrollo esperados, los recursos previstos y los mecanismos necesarios para la rendición de cuentas, sobre la base de un diálogo con todos los actores implicados. Se concibe como un proceso permanente abierto que no se agota en la elaboración de un documento, sino que proporciona orientación estratégica a la acción de la cooperación en terreno. Requiere de un análisis permanente del contexto y una mirada continua a la calidad de nuestras acciones y necesidades de mejora.
El Marco de Asociación aspira a la integración y diálogo de todos los actores, españoles y locales, a combinar la previsibilidad con la flexibilidad y a establecer mecanismos de diálogo inclusivo y permanente. Sobre la base de la apropiación, la Cooperación Española se enfrenta al reto de concentrar esfuerzos en aquellos sectores en los que podemos ser más eficaces, teniendo en cuenta las prioridades marcadas en el Plan Director vigente y la presencia de otros donantes. Es un ejercicio difícil y a la vez indispensable para mejorar la calidad de la Ayuda. En definitiva, el Marco de Asociación es el instrumento para llevar a la práctica la misión de la Cooperación Española: acompañar los procesos de desarrollo de las personas, colectivos y sociedades para alcanzar el pleno ejercicio de sus derechos, en asociación con los otros agentes (locales e internacionales), para luchar contra la pobreza de forma coherente, integral y eficaz.